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Salimos
desde Ushuaia, (ruta 3, cerca de la Mosca Loca) donde comienza la cómoda senda
que nos lleva en principio hasta el refugio del cerro Bonete, donde hicimos una
primera parada para picar algo antes de seguir caminando.
Tuvimos
un largo primer día de 10hs de caminata, casi siempre bajo la lluvia, pero con
buena temperatura. Nos adentramos en el valle del río Beban logrando sortear el
gran turbal que allí existe, haciendo una travesía por el otoñal bosque que nos
brindaba un deslumbrante abanico de colores que aparecía a nuestro paso
resaltado por el agua y la luz uniforme que provoca un día nublado.
Pasado
el medio día, nos acercábamos al paso de altura que desde lejos se observa como
una pared bastante vertical, pero que sólo es un acarreo de una buena pendiente
de unos 40º, que lleva un poco de tiempo y sacrificio pasarlo.
Una vez
del otro lado y ya bajando, observamos el largo valle que nos llevará hasta el
lago Fagnano, siguiendo una senda bien marcada que, por momentos, discurre de un
lado y otro del río, como queriendo escapar del caminante.
Promediando la tarde y luego de encontrar una gigantesca castorera a la que
todos sacamos fotos, comenzamos a buscar un buen lugar para acampar y
encontramos un gran fogón, el cual aprovechamos gratamente.
La
noche transcurrió tranquila y nos permitió cocinar una buena especialidad hecha
por Steve, que consistió en pollo al curry, acompañado con… ¡un buen vino! Sí,
¡no leyeron mal....! Ahí nos dimos cuenta de la cantidad de comida que habíamos
llevado y descubrimos la razón de por qué pesaban tanto nuestras mochilas. Sí,
nos falló la logística en cantidad de alimentos... Pero, desmesuradamente de
más.
Cada
uno compró la ración que le correspondía pero, además, agregó un toque personal
"por las dudas"; ¡no vaya a ser que falte!
Conclusión: a medida que pasaban los días, aparecían los más insólitos
alimentos, tanto que, a la vuelta, tuvimos que dejar en la alacena del refugio
del Bonete una buena provisión de alimentos no perecederos.
A la
mañana siguiente, continuamos la marcha, con la suerte de ver el sol, por
primera y última vez, hasta nuestro regreso a Ushuaia.
Luego
de atravesar la incomoda pared que cae al borde del río, pudimos alcanzar un
bosque abierto y petizo que semeja un jardín japonés debido a sus árboles tipo
bonsai. Junto a este parque el río se pierde hacia la izquierda, saltando de
cascada en cascada; y a la derecha, aparece una hermosa laguna de altura donde
paramos para almorzar, disfrutando de una soleada tarde.
El día
terminó cuando llegamos a bahía Torito (no sin antes perder la senda que nos
produjo un retraso de tres horas) donde nos recibió amablemente don "Echeverría"
dueño de la hostería, quien nos ofreció un cómodo campamento hecho por sus
nietos, para pasar la noche.
El
predio que ocupa la hostería está increíblemente bien cuidado con jardines y
canteros, que albergan 150 rosales de todos los colores y tipos, cabañas con TV
satelital, teléfono, agua caliente, etc. Un gigantesco galpón tapado con lona
que, en su interior, está lleno, hasta el techo, de leña perfectamente cortada
en tacos, listos para ser usados en las salamandras.
Un
pequeño puerto sirve de embarcadero a las frecuentes naves que llegan al lugar
con turistas; un lugar realmente paradisíaco.
Tuvimos
la fortuna de presenciar una noche espectacular, con una luna llena que
iluminaba todo el lago y a nuestro campamento con una intensidad, como si del
amanecer se tratara.
Nos
quedamos atónitos contemplando largamente ese paisaje luego que Alejandro nos
avisara con un tramposo grito desesperado de: "¡vengan a ver!". Nuevamente, una
batería de fotos capturaron ese momento. Luego, llegó el turno de descansar, no
sin antes haber disfrutado de una muy buena y abundante cena con otra
espectacular especialidad prevista para tal ocasión.
El día
siguiente, y ya de regreso, comenzó muy tempran o
porque temíamos que no nos alcanzaran los dos días que nos restaban para llegar
a Ushuaia, más viendo las condiciones en que se planteaba el día mirando hacia
el oeste donde la noche parecía continuar largamente debido a que se acercaba
una tormenta (que luego sufrimos en pleno paso), aprontamos la partida no sin
antes despedirnos del amable señor Echeverría, quien nos dio algunas
indicaciones para cruzar el río y encontrar la senda que nos llevaría de
regreso, cosa que hicimos a la perfección y que nos permitió ganar bastante
tiempo.
A poco
de salir comenzó a llover y a medida que ganábamos altura, la lluvia se
transformó en nieve condición que se mantuvo durante todo el día hasta que
cruzamos el paso y pudimos bajar y acampar en el primer fogón que encontramos.
Todos nuestros fogones fueron a lo grande tipo "hoguera Juana de arco" no solo
para calentarnos sino también para secar algo de ropa, y... Obvio cocinar alguna
especialidad.
El
cuarto día partimos un poco más tarde y con más calma ya que estábamos de este
lado del paso y el tiempo de marcha era más que suficiente para llegar a
Ushuaia.
La
caminata de regreso resultó como la de ida "chapoteando en el agua todo el día"
pero disfrutando de las frutillas silvestres y los calafates, porque a pesar de
todo ¡seguíamos con hambre!.
Arribamos a la ruta cerca de las cinco de la tarde, momento en que nos fue a
buscar Mariana (novia de Steve) quien nos trajo de regreso a casa. |