Montaña

Club Andino Ushuaia

 

 

13/06/07

TRAVESÍA POR EL PASO BEBAN

Texto y fotos, Alberto Balmaceda

En este relato, el autor nos cuenta los detalles y anécdotas de esta clásica excursión. que realizaron junto con Lesley Jost, Steve Daltrey y Alejandro Rivero, entre el 5 y el 8 de abril de 2007.

Salimos desde Ushuaia, (ruta 3, cerca de la Mosca Loca) donde comienza la cómoda senda que nos lleva en principio hasta el refugio del cerro Bonete, donde hicimos una primera parada para picar algo antes de seguir caminando.

Tuvimos un largo primer día de 10hs de caminata, casi siempre bajo la lluvia, pero con buena temperatura. Nos adentramos en el valle del río Beban logrando sortear el gran turbal que allí existe, haciendo una travesía por el otoñal bosque que nos brindaba un deslumbrante abanico de colores que aparecía a nuestro paso resaltado por el agua y la luz uniforme que provoca un día nublado.

Pasado el medio día, nos acercábamos al paso de altura que desde lejos se observa como una pared bastante vertical, pero que sólo es un acarreo de una buena pendiente de unos 40º, que lleva un poco de tiempo y sacrificio pasarlo.

Una vez del otro lado y ya bajando, observamos el largo valle que nos llevará hasta el lago Fagnano, siguiendo una senda bien marcada que, por momentos, discurre de un lado y otro del río, como queriendo escapar del caminante.

Promediando la tarde y luego de encontrar una gigantesca castorera a la que todos sacamos fotos, comenzamos a buscar un buen lugar para acampar y encontramos un gran fogón, el cual aprovechamos gratamente.

La noche transcurrió tranquila y nos permitió cocinar una buena especialidad hecha por Steve, que consistió en pollo al curry, acompañado con… ¡un buen vino! Sí, ¡no leyeron mal....! Ahí nos dimos cuenta de la cantidad de comida que habíamos llevado y descubrimos la razón de por qué pesaban tanto nuestras mochilas. Sí, nos falló la logística en cantidad de alimentos... Pero, desmesuradamente de más.

Cada uno compró la ración que le correspondía pero, además, agregó un toque personal "por las dudas"; ¡no vaya a ser que falte!

Conclusión: a medida que pasaban los días, aparecían los más insólitos alimentos, tanto que, a la vuelta, tuvimos que dejar en la alacena del refugio del Bonete una buena provisión de alimentos no perecederos.

A la mañana siguiente, continuamos la marcha, con la suerte de ver el sol, por primera y última vez, hasta nuestro regreso a Ushuaia.

Luego de atravesar la incomoda pared que cae al borde del río, pudimos alcanzar un bosque abierto y petizo que semeja un jardín japonés debido a sus árboles tipo bonsai. Junto a este parque el río se pierde hacia la izquierda, saltando de cascada en cascada; y a la derecha, aparece una hermosa laguna de altura donde paramos para almorzar, disfrutando de una soleada tarde.

El día terminó cuando llegamos a bahía Torito (no sin antes perder la senda que nos produjo un retraso de tres horas) donde nos recibió amablemente don "Echeverría" dueño de la hostería, quien nos ofreció un cómodo campamento hecho por sus nietos, para pasar la noche.

El predio que ocupa la hostería está increíblemente bien cuidado con jardines y canteros, que albergan 150 rosales de todos los colores y tipos, cabañas con TV satelital, teléfono, agua caliente, etc. Un gigantesco galpón tapado con lona que, en su interior, está lleno, hasta el techo, de leña perfectamente cortada en tacos, listos para ser usados en las salamandras.

Un pequeño puerto sirve de embarcadero a las frecuentes naves que llegan al lugar con turistas; un lugar realmente paradisíaco.

Tuvimos la fortuna de presenciar una noche espectacular, con una luna llena que iluminaba todo el lago y a nuestro campamento con una intensidad, como si del amanecer se tratara.

Nos quedamos atónitos contemplando largamente ese paisaje luego que Alejandro nos avisara con un tramposo grito desesperado de: "¡vengan a ver!". Nuevamente, una batería de fotos capturaron ese momento. Luego, llegó el turno de descansar, no sin antes haber disfrutado de una muy buena y abundante cena con otra espectacular especialidad prevista para tal ocasión.

El día siguiente, y ya de regreso, comenzó muy temprano porque temíamos que no nos alcanzaran los dos días que nos restaban para llegar a Ushuaia, más viendo las condiciones en que se planteaba el día mirando hacia el oeste donde la noche parecía continuar largamente debido a que se acercaba una tormenta (que luego sufrimos en pleno paso), aprontamos la partida no sin antes despedirnos del amable señor Echeverría, quien nos dio algunas indicaciones para cruzar el río y encontrar la senda que nos llevaría de regreso, cosa que hicimos a la perfección y que nos permitió ganar bastante tiempo.

A poco de salir comenzó a llover y a medida que ganábamos altura, la lluvia se transformó en nieve condición que se mantuvo durante todo el día hasta que cruzamos el paso y pudimos bajar y acampar en el primer fogón que encontramos. Todos nuestros fogones fueron a lo grande tipo "hoguera Juana de arco" no solo para calentarnos sino también para secar algo de ropa, y... Obvio cocinar alguna especialidad.

El cuarto día partimos un poco más tarde y con más calma ya que estábamos de este lado del paso y el tiempo de marcha era más que suficiente para llegar a Ushuaia.

La caminata de regreso resultó como la de ida "chapoteando en el agua todo el día" pero disfrutando de las frutillas silvestres y los calafates, porque a pesar de todo ¡seguíamos con hambre!.

Arribamos a la ruta cerca de las cinco de la tarde, momento en que nos fue a buscar Mariana (novia de Steve) quien nos trajo de regreso a casa.